Primero nos explicó la crisis y ahora nos da las claves para superarla. Leopoldo Abadía nos propone, en su nuevo libro, las mejores soluciones para salir de la crisis, y lo hace desde un punto de vista optimista, positivo y sensato. Abadía demuestra en La hora de los sensatos que no hay que ser un gurú de la economía para entender que el sentido común es clave para salir adelante. Después de La Crisis Ninja, el libro español de no ficción más vendido en el año 2009 (150.000 ejemplares) en el que nos explicaba cómo la crisis había sido provocada por los “ninjas” (no income, no job, no assets; o sea, personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades), Leopoldo Abadía lanza, con su personal tono cercano y desenfadado, una mirada reflexiva y crítica, no solo de la economía, sino también del mundo de la política y de la sociedad.
La Teoría del Safety Car
Leopoldo Abadía admite que tiene poca, ninguna afición por la Fórmula 1, que en su casa es su mujer la que se conoce al dedillo los nombres de los pilotos y las escuderías que mandan en el circo del motor. Sin embargo, la Fórmula 1 le ha dado pie a Leopoldo –en rigor, al vecino de San Quirico con el que departe cada mañana en su libro- una idea a partir de la cual se desarrolla La hora de los sensatos; más concretamente, la figura del safety car. ¿En qué consiste?
En las carreras de Fórmula 1, cuando hay algún problema sale el safety car a la pista, un “coche de seguridad” que se pone delante de los bólidos y no les deja correr. Esos coches pueden pararse mientras el safety car está en la pista. Van detrás de él en el orden en que iban. El safety car da una serie de vueltas y, cuando las cosas se han normalizado, se va de la pista y todos los demás coches se ponen a correr como antes. El coche de los sensatos no pretende ganar la carrera, solo rodar para solucionar las cosas y marcharse.
Pues bien, ésta es precisamente la idea que propone Leopoldo Abadía para salir de esta crisis, de este accidente que ha ocurrido durante la carrera de las empresas, de la economía, y por extensión de la política y la sociedad. Colocar al frente de la carrera un coche de seguridad cuyos pilotos reconduzcan la situación sin mayor intención que ésa, arreglarlo todo para luego retirarse y dejar seguir su curso al resto de coches. Para ello bastaría un periodo de, por ejemplo, cuatro años rigurosamente improrrogables.